En la zona de Vélez abunda la piscina de los años ochenta. Casi todas funcionan, aunque lo hacen a costa de gastar de más: factura eléctrica desproporcionada y problemas que vuelven.
La buena noticia es que casi ninguna mejora exige obra. No hace falta vaciar ni levantar el borde. Por orden de impacto: una bomba de velocidad variable en lugar de la monofásica de caudal fijo, un filtro correctamente dimensionado, dosificación automática en lugar del bidón ver más y el vaso medidor y cambiar los focos halógenos por LED.
Un escenario muy repetido: el vaso está en buen estado pero la hidráulica no. Válvulas que ya no cierran y tiempos de filtración calculados a ojo. Ahí lo que hace falta es diagnóstico.
No hace falta hacerlo todo de golpe: una actuación por temporada, empezando siempre por lo que más pesa en la factura.